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Luego que empieza el gallo generoso a erguir amenazando el áureo cuello, a caminar con majestad y orgullo y a perseguir con amoroso anhelo a sus esposas, el ardor insano de bárbaro, letal y sutil juego le saca del corral, su dulce patria, y le sepulta en reducido encierro, do atado al pie con cuerda rigurosa del combate feroz aguarda el tiempo. El ave generosa en el principio se entristece; con largo y flébil eco gime tal vez, y los indignos lazos ansían romper sus débiles esfuerzos pero después, acostumbrado el gallo a la nueva mansión y a trato nuevo, con grave majestad se espacia altivo por su prisión, olvida el cautiverio, y saluda en cantares belicosos la luz de Diana y el fulgor de Febo. De su crestada frente, cual corona se alzan las puntas; un color sangriento cubre sus barbas; las doradas plumas visten espesas el erguido cuello, y acrecentada la flexible cola, en arco airoso tiende su plumero, buscando la cabeza con su punta y el espolón robusto descubriendo del gallo armado. ...

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